En el tren de otro tiempo

Bajar al andén.

Esperar a que se abran las puertas.

Caminar por el pasillo buscando mi asiento.

Colocar las maletas entre las maletas de otros pasajeros.

Suena el silbato.

Sale el tren…

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Y yo me siento afortunada por sentir el traqueteo metálico del gusano de hierro. Llueve. Llueve fuera, sobre un campo que renace de un verde tan deseado. Llueve. Las gotas arañan el paisaje como si miles de uñas acariciaran la ventana para dejar marcas que no duran y al mismo tiempo, siempre siguen ahí.

Nos paramos. Un pueblo, otro pueblo. Paramos en todos los pueblos diría. Este tren hacia tierras extremeñas lento y sin cables, lento y de otro tiempo, se para y se para. Y se estropea. Nos paramos en mitad de los campos de algún lugar indeterminado. La mancha, tal vez. Y llueve.

Señores con destornilladores y piezas cuadradas gritan de un vagón a otro, ofuscados por la discordancia entre el tornillo y el destornillador. Yo escucho sus problemas embebida en ese acento que me recuerda a mi familia. Y pasa el tiempo. 50 minutos pasan. 50 minutos bien invertidos.

Por la megafonía anuncian: “Hemos sufrido un retraso debido un problema técnico que ya está subsanado, así que procedemos a la marcha apropiada”- Yo sonrío y pienso cuál será esa marcha. Nupcial? Bélica? Me río mientras en mis oídos internos, los de mi mente, suena la Marcha Radetzky y delante de mi veo, con mis ojos internos, a mis abuelas sentadas, esas mujeres inteligentes y viajeras que tal vez un poco me hacen quien soy. Y siento que tengo la fortuna de recorrer mares, cielos y tierras para ver paisajes desconocidos o volver a la tierra de la que nazco.

Y el tren, como a cámara lenta, se adentra en Extremadura. Muros kilométricos bordean fincas onduladas. Verdes líquenes, verdes prados. Riachuelos. Y llueve.

Llueve.

Llueve.

Sonrío…

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Recovecos

Hasta las figuras más monumentales, por dentro se construyen de formas estrechas y torcidas, de caminos sinuosos y oscuros, de pasadizos y espirales. Y es este laberinto donde pierdes la noción de los espacios y te desorientas… Encuentras la magia de lo único, de las dos caras de la moneda, del placer de la luz y de la sombra.

Así están las cosas

A ver Mariano. Es que no sé ni por dónde empezar… Porque a estas alturas que un presidente de gobierno, de un país europeo, haga estas declaraciones, me parece de comic de ficción. Y digo Europa, no porque crea que sólo aquí se deberían hacer bien las cosas, si no porque se nos llena la boca con Europa y la sociedad ejemplar de derechos y libertades que construimos y blablabla. Y nos comparamos con el resto del mundo como si fuéramos un referente.

1- Resulta que ahora un presidente no se ve diciendo cuánto debe pagar una empresa a sus trabajadores. Entonces, el salario mínimo? Las indemnizaciones por despido? Los convenios colectivos? Eso no es algo que concierne al gobierno? Está claro que tú, Mariano, piensas así. Y puedo aceptar que la gente piense diferente. Pero no puedo aceptar que el presidente de mi país tenga y exprese públicamente opiniones como esta.

2- Y resulta que España es el país que mejor está haciendo las cosas. Ah sí? En base a qué, Mariano? Porque en estos últimos años, que tal vez sí, las empresas van por buen camino, pero yo he visto como los ciudadanos españoles hemos perdido nuestros DERECHOS; sin embargo ahora que volvemos al “España va bien”, no veo que se hayan recuperado. Mariano, cogiste las tijeras y te pusiste a recortar, pero el pegamento, el hilo y la aguja, te los olvidaste. Te los olvidaste? Y yo que estoy con un pié en Francia alucino con el estado medieval en el que se encuentra España en muchos sentidos. Y tampoco es que Francia sea el Dorado de la sociedad perfecta, pero si empiezo a enumerar no hay quien me pare. Mariano, yo sé que tú nos ves como súbditos, sé que muchas veces en mi país la gente reacciona como súbditos, pero somos CIUDADANOS. A ver si te (nos) entra en la cabeza.

3- El punto que más me escuece hoy. Cómo es esto de que no te metes en si el salario de las mujeres debe ser igual que el de los hombres? Y si una empresa decide que el salario de los negros debe ser menor que el de los blancos? -Algo que ya ocurre- O el de los andaluces menor que el de los gallegos? O si una empresa contrata a un secretario en silla de ruedas… le paga menos, no? Porque la mitad de su cuerpo no es funcional. Ah! Mejor aún, si contrata una mujer, negra y en silla de ruedas paga la mitad, de la mitad, de la mitad… 1/8 de sueldo.  Perfecto! Y tú cómo te vas a meter en eso? Suficiente tienes con meterte en impuestos de respaldo a las empresas energéticas, con salvar a bancos, autopistas de peaje y empresas, las pobres, que andan justitas en beneficios. Suficiente tienes con ocuparte de cuánto se paga a empresas privadas por la gestión de lo público… Si es que es muy duro ser presidente, Mariano, como para ocuparse de tonterías.

Tú, Mariano, tan constitucional que eres podrías defender el artículo 14; sí , el que habla de esa igualdad “sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Pero “no nos metamos en eso”. Qué ya la Constitución la sacas tú a relucir cuando lo ves conveniente.

Mariano, me avergüenzas. Pero esto es un claro ejemplo de cómo están las cosas. Así que la próxima vez que penséis que lo del feminismo es algo que ya está superado, que qué pesadas con lo del feminismo, que ya han cambiado las cosas, que no es como antes, que en otros países, por ejemplo africanos, sí, pero que en Europa… Señoras, señores: SI UN PRESIDENTE (DE UN PAÍS EUROPEO) SE PERMITE ESTOS COMENTARIOS SIN DIMITIR: ASÍ ESTÁN LAS COSAS.

Reflejos

Por muy fuerte que sea la corriente el reflejo permanece fiel, anclado, empeñado en confundirse con su referente. 

Con la calma de las aguas, la magia del sueño cumplido. 

Mañana las turbulencias volverán a deshacer el ensueño. Y sin embargo, eso ya no importa. Porque unidos por la frontera donde dos mundos se encuentran, la imagen y su reflejo, siguen en el infinito deseo de confundirse. 
¿La imagen no es tan sólo un reflejo? 

Secretos del edificio 

Viernes noche. Hay una fiesta en casa del vecino. Voy sin conocer a nadie aún no pero a lo largo de la noche hablé con músicos, pintores y científicos. 

Mi vecino, es músico, guía turístico y periodista. Un buen compañero para ir a vernissages, y descubrir calles de París y conocer lugares de conciertos. 

El otro día bajé con Raphaël, el vecino, a la cava o bodega.  Multitud de pasillos abovedados con puertas de madera ancestrales. 

Y tras una de esas puertas… El estudio de grabación del vecino!!!

Transiciones

De puerto en puerto, aéreo, terrestre y/o marítimo. Viajes que inicio con la ventura incierta. Siempre me sorprende el camino con golpes y flores, todos bienvenidos. 

Y el regreso se hace lento, con retrasos. Para dejarme un rato más saboreando este presente de sensaciones como un mercado asiático. Para que me duren los días, los viajes , la vida… 

Y, como conmigo no pudieron los arañazos, los moratones y los cortes que me hice en la travesía, me maquillo en el duttyfree y me cuelo en la sala de espera bussines. Porque yo me adapto al fango de la batalla y a la purpurina de la gloria.

La vida despeinada


Mañanas que se convierten en noches.

Y de nuevo… En mañanas.

Peines olvidados, perdidos, escondidos.

Secadores sin cables, enchufes misteriosos

sin adaptadores…

Soles, vientos

nubes, truenos y centellas,

nieves y pieles tostadas.

Sola o en manada

o solamente acompañada.

Rutas de frutas y espinas,

mareas altas y bajas,

arenas, sales, minerales…

Tan solo un vestido

para toda la vida

despeinada.