Mes: febrero 2012

La suerte.

Hay unas mujeres que hace un tiempo, bastantes años, decidieron salir a la calle a preguntar dónde estaban sus hijos e hijas.

Esas mujeres, cuando todo el mundo les daba la espalda, cuando una pregunta inapropiada era una papeleta en el juego de “te juegas tu vida”, salieron a preguntar y a quedarse en la calle cada jueves.

Tres de esas mujeres vinieron a ver la obra. Nora, Elsa y Mirta nos esperaron a la salida del teatro.

Y hablaban con calma y sabiduría… Su voz llevaba el peso de sus historias, tristes, duras, de las historias de sus compañeras, de las vidas robadas de sus hijos y sus hijas. De las madres a las que “desaparecieron”. Y nos miraban con ojos tiernos y fuertes, con un amor… Con un amor… Y sus labios generosos nos regalaban sonrisas.

Unas mujeres llenas de años, arrugas y vitalidad. Llenas de convencimiento. Y su afán por la justicia, sin la sombra de la venganza. Madres “paridas por sus hijos” que aprendieron a ver la vida desde el lado más humano.

También vino Vicente Romero, periodista de mil y un conflictos, involucrado en mil y una causas, que personalmente se encargó de presentárnoslas. Y con él, Alejo Ramos Padilla, el juez. Que antes de ser juez fue un abogado que encausó crímenes de lesa humanidad. El niño que creció con las madres y que después se hizo abogado.

El jueves pasado la vida me regaló una noche de historias, anécdotas y relatos como para hacer películas. Pero eran verdaderos, con nombres y apellidos, con pieles detrás de esos nombres. Fue una suerte encontrarme en esa mesa escuchando la historia de la mano de los que remaron para salir de la oscuridad. ¡Y que siguen remando!

Al final de la noche, una foto al grito de Nora:

-¡Clítoris!

-¿Clítoris has dicho, Nora?

– ¡Sí! Es como mejor se sale en las fotos. Verás. ¡Clííítoooooriiiiisssss!

A veces la suerte es una conversación.

Besos suertudos!

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¿Qué será de mi? ¡Pobres míos!

No me quiero imaginar lo que seré yo cuando me den el María Guerrero o el Oscar. Una ametralladora de información, mails, comentarios en Facebook… Abriré 7 blogs, publicaré en los periódicos, os enviaré fotos de mis uñas cortadas de los pies… no sé. Si ahora, que sólo tengo un estreno, me ha dado este ataque comunicador, cuando llegue el premio Tony de Broadway no me va a aguantar ni mi cactus.

Os pido disculpas por la avalancha, por el ataque de egocentrismo y por todo el tiempo que os he robado como si lo más importante del mundo fuera el estreno, mi estreno. ¿Será una maniobra mediática para que os olvidéis de la crisis, los robos de la nobleza y los recortes de Rajoy? ¿Será por eso que nos han programado la obra en Av. Corrientes? ¿Para despistar?

Pues no penséis más en mi que, total, si sale mal el estreno, los planetas seguirán girando; y además: no soy cirujana, si la obra es un desastre, no morirá nadie.

Besos teatrales, claro.