Mes: abril 2012

Señales.

Dicen que la vida te da señales para que sepas qué caminos tomar.

O no tomar.

Te invitan a ponerte en marcha.

Te preguntan quién eres

Te hacen dudar de lo que sabes, si es que sabes…

Pero en mi vida las señales me llegan a pares y contradictorias. En el código de la circulación no he encontrado las respuestas.

Sigo buscando.

Se acepta bibliografía.

Besos dudosos.

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El lugar que habito.

Un largo tiempo de silencio escrito, o mejor dicho, de silencio no escrito. Silencio de palabras que de por sí ya son silenciosas porque en el silencio de la pantalla nacen con tan sólo el murmullo de mis dedos torpes que golpean teclas.

A veces te cambia todo sin que nadie se de cuenta. En silencio también. Con gritos encerrados entre paredes y sábanas. Pero al salir a la ciudad, al camino, la jungla los silencia y todo parece lo de siempre. Voy en el bus y miro a la gente pensando: ¿a cuántos les habrá cambiado la vida de golpe? ¿Cuántas caras serias y medio dormidas esconden vidas mutantes?

Pero seguimos, claro que seguimos. Estamos tan llenos de horarios, obligaciones, planes, compromisos que seguimos paso a paso con nuestra mejor cara. Y por dentro late el corazón pero entre tanto barullo ni nosotros mismos lo escuchamos.

Nos fuimos de gira con Granos de uva en el paladar. Hace ya bastante de eso. Incluso mi vida era otra… El giro. Actuamos en Azul y Tapalqué. Dos sorpresas. Ambas gratas por un lado, desalentadoras por otro.

Un teatro enorme y precioso, un escenario como los que sueño cuando me sueño haciendo el teatro que sueño hacer. Platea, palcos, lámparas, telones… el techo, las butacas… Casi sin público, perdimos dinero.

Otro escenario del cine de un centro cultural. Dotación técnica de instituto. Las paredes acolchadas se comían nuestras voces y el suelo era una pista de patinaje sobre tela roja. Bastante gente, aplausos, aplausos… El alcalde un hombre estupendo. Ganamos dinero.

Y en el camino de vuelta a Baires, parados en una gasolinera rural del interior de Argentina, un cartel en el baño. Era feo y aséptico aunque la falta de algunas letras le daban un soplo de vida particular. Y el mensaje anacrónico, inesperado en ese escenario cutre, parecía puesto ahí para darme una cachetada más.

Le hice una foto.