Mes: agosto 2011

Error de talla.

Hoy he pasado delante de una tienda de ropa para niños. El escaparate estaba lleno de réplicas de infantes hechas en plástico con actitudes de adulto, posturas serias, intelectuales, colores marrones y ocres y azules marino.

Sigo caminando.

Un escaparate de ropa para adulto lleno de maniquís (o maniquíes?) en actitud infantil, el pié derecho ligeramente hacia adentro, la barbilla ladeada, dos coletitas, sentado en el suelo como si no quisiera ir a trabajar. Colores vivos, estampados de hojas, purpirina, camisas arrugadas…

Sigo caminando. No sé a dónde ir…

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Disparos al aire, balas perdidas.

75 años hace que asesinaron a Federico García Lorca… Ni el terror, ni las balas, ni la opresión pudieron con él, ni con otros tantos en todo el mundo. ¡Que nunca mueran! Que no puedan callar las voces con el silencio de un corazón parado violentamente. Que otros corazones tomen el relevo y sigan latiendo. Federico sigue… Siguen y siguen todos ellos.

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Me sorprende esta sensación de llegar al la tierra, literalmente tierra, con encinas, barrancos, fuentes, viñas, castaños, fresnos, álamos… La tierra que he pisado y recorrido por mil caminos, que ha visto todo de mi, pregones anunciados y oscuros secretos.

Infancia, adolescencia y el torrente del tiempo que se me abalanzó después, sin descanso, para pasar rápido como el pensamiento prohibido.

Me sorprende mucho, y siempre se me olvida que me volverá a sorprender. ¿Y por qué esta sorpresa de llegar a lo más conocido de mi vida? Porque cada vez vengo con diferentes cosas en la mochila. Cada vez vengo con una Sauce distinta que, sin embargo, no puede dejar de ser ella misma.

Y cada vez siento el peso de tantas emociones vividas, tantos recuerdos olvidados, tantos momentos grabados como tatuajes internos que se ven sólo a oscuras… Y ese peso se hace pequeño en un instante cuando siento mis huesecines tallados con kilómetros, aviones, gentes diferentes que han pasado por mi vida; y me veo aquí de nuevo, en mis comienzos. Y es como cuando me atropelló el coche y vi mi vida en blanco y negro pasar por delante de mis ojos a cámara rápida, solo que a todo color y sin el porrazo del alemán temerario.

Veo todo como si fuera nuevo y sin embargo tan viejo y conocido como el latido de mi corazón.

Besos de siempre.