Mes: septiembre 2011

Bienvenida

¡Qué mágicas son las noches de primavera! Esas primeras noches en las que de repente no refresca. Tampoco hace calor. Nada que te haga sentir tu cuerpo, nada que te encoja ni que te expanda.


La sensación templada del día se resiste a irse con el atardecer. El sol, a oscuras, sigue calentando en la sombra…

 

Que dulce esa brisa que no corta los ojos ni enrojece la nariz. ¡Qué bien! Aunque me pille en un colectivo, destrozada tras un largo ensayo y casi en el mes de Octubre: ¡Bienvenida la Primavera sea como sea!

Besos de hojas tiernas.

Negro misterio.

La mujer de ojos negros que se pinta los labios de negro y se pone un largo postizo negro en su cola de caballo azabache rabioso. La mujer de gesto serio viste de negro pero un cuello de camisa afilado asoma blanco y dos perlas brillan soberbias en sus orejas. La mujer de dedos largos y elegantes, decía, se sube al bus y saca las moneditas de un botecito de carrete de fotos de plástico negro que luego guarda en su bolso de charol, negro.

Se desplaza sin caminar, se apoya sin dejar peso. Nadie la mira. No mira a nadie pero yo siento que todo lo ve.

La mujer llevará encima unos 55 años de misterio, o 200 congelados en un gesto. Me pregunto si es real, si está o sólo yo la veo. Unas arrugas perfectas, exactas, definidas como sutiles dibujos en una tez frágil como la camisa que una serpiente abandona en el camino… Esas arrugas, decía, son la prueba de que vive o al menos vivió, si se tratase de un fantasma.

La mujer se baja del bus. En el aire flotan todavía dos destellos de perlas claras.

Anécdota

Me sale un unitario (capítulo en una serie semanal) en Argentina. Sólo digo una frase, está bien… En la parte de atrás de un coche así que ni se me ve, cierto. Pero bueno, yo ensayo mi frase:

Con acento argentino:
Antonella, ponete bien el cinturón de seguridad, ¿querés? Hacé como tu abuelo.

Con acento “gallego”:
Antonella, anda, ponte el cinturón de seguridad. Haz como el abuelo.

Grabando… y… Acción! … Corten. Listo! Valió.

En la siguiente toma el actor que hace de abuelo dice: “No llevaba puesto el cinturón. ¿Se ve?” Le dicen que sí pero que no importa…

¿Eh? ¡Encima que no salgo y casi ni hablo lo único que digo es una idiotez! ¡Un chiste!
Bueno…

Se queda un plano por grabar porque se hizo de noche y parece ser que no contaban con eso. Me dicen que lo mismo mañana o pasado se termine lo que falta y tendría que volver. Pero que probablemente no haga falta y se quede tal cual. Que me llamarán…
Mañana, o sea hoy por la mañana, cuando salía para un ensayo al que le seguía un almuerzo para después tener otro ensayo, es decir, cuando ya tenía organizado mi día, efectivamente, me llaman.

“¿Sause? Mirá, te llsamo para sitarte a las 13 en a tomar por el orto para llsevarte a Escobar. Grabás hoy.”
¡¡¡¿¿Quééééé??!!! ¿Escobar? Google maps. ¡Ay! Eso está más allá de lo que ya está lejos.

Mi maquinaria de organización se ha puesto en marcha y he solucionado en media hora todo el día sin que la sangre llegara al río.
Y allí que fui, tras el primer ensayo que no tuve que anular para salir de espaldas en la parte de atrás del coche.

Acabo. Me vuelvo. Según entro en capital, en medio del excalestric urbano un gran edificio, enoooorme, gigante, con mi foto!!!! ¡¡Reboto en el asiento!! Grito internamente: ¡esa con cara de panoli soy yo! Es el anuncio que hice hace unos meses. Quiero hacerle una foto en un ataque de narcisismo. Quiero quemar el edificio en un ataque de vergüenza. Quiero cambiar de profesión en un ataque de frustración.

Un taxi me espera en la puerta de la oficina. El taxista es una mezcla curiosa entre Albert Pla y Viggo Mortensen. Cuando no estamos embotellados conduce a lo fitipaldi mientras charla por teléfono:

“… Y bueno… Si tenés caviar y frutillas (fresas) con crema por ahí voy… Y bueno, la crema te la comés vos, bebé… Y salmón rosado, estoy con ganas de salmón rosado, ¿entendés?… Ja ja ja… Noooo, boluuuuuda, me hacés reír, vos sabés… y sí, te llamo luego… sos una hechicera…”

Casi morimos aplastados entre dos colectivos, casi matamos a un motorista, casi nos comemos un ford Ka… Y él me mira por el retrovisor: “¿Vos fumás? ¿Te importá que fume?” Me dieron ganas de preguntarle: “¿Con qué mano piensas conducir?” pero me limité a ponerle un gesto indescriptible que le hizo entender: no se encendió el cigarrillo y puso la radio a todo volumen:

“… ¿quién me va a entregar sus emociones?
¿Quién me va a pedir que nunca le abandone?
¿Quién me tapará esta noche si hace frío?
¿Quién me va a curar el corazón partío?…”

Nooo…

A todo trapo por Corrientes. Ma-dre-mi-a.

A veces siento que mi vida es una gran anécdota.

Besos anecdóticos.

plagas

¡Ay ay ay!

En la época que vivimos

Tal y como están las cosas

Caminando por la avenida

Estado de Israel

tras un largo día…

antes de una larga noche…

Con las injusticias a flor de piel

La ira en sangre viva

El desconcierto

La frustración

Las plagas de cantamañanas, mentirosos, sacacuartos, cínicos, descerebrados…

que se extienden por todas partes:

¡Qué peligro tiene un cartel pegado en una pared que dice:

MATAMOS X ENCARGO!

¿No?

Cereales arrollados.

Llevo meses preguntándome por qué a los copos de avena les llaman “avena arrollada”. Pensé que era porque estaba hecha un rollito, pero no, es como la que compro en España.

Llevo meses viendo buenos actores entrenando en clases, buenas obras representándose en lugares insólitos, teatros improvisados. Pero ayer, en clase de Claudio, dos actrices de 17 años me dejaron con la boca abierta, no sólo por su trabajo, sino porque tienen 17 años!!! Y ya llevan tres en la escuela y andan entrenando con uno de los grandes y son increíbles… ¿Qué hacía yo a mis 17? ¿Dónde estaba?

Yo, a mis 30 años descubro que la avena arrollada es eso, un grano de avena arrollado hasta quedar hecho una laminita plana. Como aplastado por un camión, por una apisonadora, por un tren… Lo que se dice arrollado.

Besos integrales.

Estar antes de llegar

Un Buenos Aires fresco pero muy soleado me espera con sus calles de baldosas basculantes.

Aterricé con la sensación de estar en otro tiempo.

Las calles se redibujaban a mis pasos, se ponían en marcha, como si hubieran estado quietas en mi ausencia, esperando que llegara para volver a funcionar. Y sin embargo un montón de cosas nuevas aparecieron salpicando las fotos conocidas que mis ojos registraron.

Y yo, distinta, con menos ilusión por estar aquí, con Madrid de final de verano gritando: Saaaaaauuuuuceeeeee!!! Vuelve, vuelve a mi vida!

Oídos sordos al grito de mi tierra lejana… Mi tierra… Me sonrío al escribir. “Mi tierra” dice la mujer descastada trotamundos, árbol sin raíces. ¡Ja! Ahora, al otro lado del océano, del mundo, siente cosas distintas la niña de la maleta.

Ya sé donde están las cosas en este barrio. Voy a un kiosko.

– Buenos días. ¿Tiene la revista Elle?

– Buen día. ¿Cómo va? Sí, acá la tiene.

– ¿Puedo mirar a ver si hay un artículo que estoy esperando?

– Pero claaaarooo.

– Gracias.

Miro. Busco. ¡Encuentro! Página 136.

– ¡Ah! ¡Aquí estoy! Mira, mira… Ja ja ja… ¡Salgo yo! ¡Me la llevo!

Esta vez estaba aquí antes de llegar.

Lo que es la entrevista tiene bastante poco que ver con lo que yo escribí (pues fue por escrito el cuestionario). Es curioso como la ausencia de una palabra, la unión de dos conceptos que estaban en lugares separados o añadir una expresión distinta puede cambiar tanto el sentido.