Escalando montañas de necios

Hoy he ido a un casting. La citación era en el 126 de una calle cualquiera. No había piso ni letra ni puerta, sólo especificaban, “en la oficina”.

Llego. Dejo la bici y busco. Unos cristales de estos oscuros anuncian una oficina a pie de calle. En ellos mi reflejo. Acerco mi frente al escaparate haciendo una pequeña cueva con mis manos para ver el interior. Hay dos señores y una señora de unos 50 años. Les sonrío con una mezcla de gestos entre “perdonadme” y “¿es aquí el casting?”. Por su cara deduzco que no me esperan. Así que les dibujo con la mano un “disculpen las molestias” y sigo mirando el edificio.

No veo más oficinas a pie de calle.

En ese momento salen a la calle los tres de la oficina que creo que no es. Casi sabiendo la respuesta me acerco a ellos. “Es aquí el casting?” Los tres me responden a la vez: La mujer dice “no”, el hombre 1 pregunta “el casting?”; y el hombre 2, un caballero de pelo canoso, bien trajeado, elegante, me dice con una sonrisa satisfecha de sí mismo: “sí, vete desnudándote que ahora vienen!”

Así. Sin más. Sin parar de reírse de su propio chiste.

-Veo que es usted muy gracioso- Le digo amablemente.

-Hay que vivir la vida con gracia- Me responde con sorna.

-Por supuesto, pero hay muchas gracias donde elegir. Cada uno elige su género de humor- Le contesto con una voz dulce y tranquila.

-Es usted tan corta de espíritu como su vestido?- Me pregunta.

-Usted es tan corto de mente como mi vestido- Le respondo con mi sonrisa más amable y luminosa.

Los otros dos, a cuadros escoceses. En la calle el sol sigue regalándonos su luz cálida y brillante. La gente pasa, yo veo un cartel en otra puerta que dice que el casting es en la tercera planta.

Mientras subo en el ascensor, no sé por qué, recuerdo que hace un año tuve en esta ciudad una entrevista de trabajo. El hombre sentado frente a mi me preguntó que por qué una actriz, mujer, de mi edad, decidía probar suerte en Francia. Que si no me daba cuenta de que hay pocos personajes para mujeres y que a estas alturas tal vez es tarde para intentarlo… Y en esta unión peregrina de pensamientos se me viene la imagen de mi cuerpecito hace unos días escalando por primera vez en mi vida. Las manos aferradas a piezas de colores, las piernas empujando hacia el cielo, los dedos de los pies doloridos por los zapatos minúsculos y mi mente ilusionada, pensando en grande. Orgullosa de hacer algo que nunca he hecho antes, orgullosa de sentir que nunca es tarde.

Así que sí, señores del mundo que se creen con derecho a agredir, juzgar, menospreciar, desacreditar, etc etc:

Seguiré en esta carrera de fondo disfrutando cada vez más el camino, no importan los obstáculos.

Y… SEGUIRÉ ESCALANDO Y VISTIENDO MINIFALDAS!!!!

escalando
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