Mes: marzo 2011

Encuentros.

¡¡¡Despertador!!! ¡Qué temprano…! Dormida todavía preparo en la mochila las cosas para la clase. De un bolsillo cae un papelito. 1,20 pesos, billete de un colectivo de Buenos Aires. ¿Lo guardo? ¿Lo tiro?

Sala de maquillaje y peluquería. Bombillas alrededor del espejo. ¡Nunca me canso de ellas! Pincelitos que tapan mis ojeras. Peines que ordenan mis pelos. Pero… ¿Pablo? ¿Qué es eso? ¿Una cana? ¡¡¡Nooooo!!! Sí, es una cana. Mi primera cana.

Noche de teatro, risas y amigos. Salimos. Diluvia. Bar, charla, aceitunas. Salimos de nuevo. No llueve pero hace mucho frío. En la multitud de abrigos y guantes una chica con un vestidito corto de rayas, tirantes y bufanda atada en el bolso. Una valiente que decide vivir la primavera, venga o no venga.

Otro bar. Alberto descubre que la camarera es perfecta para que Almodóvar la meta en su próxima película. A los 5 minutos aparece Pedro, Almodóvar. ¿Se habrá fijado en ella? ¿Saldrá en su próxima película?

Nubes.
        A veces,
                un instante,
                            el sol!

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Flotando.

Por supuesto al día siguiente de volver de Buenos Aires empecé con las clases de danza, para no perder el ritmo. Y hoy que ya hace una semana que llegué, empecé un curso de teatro con Tamzin Townsend…

No puedo entender que con todo lo que hago, lo que me gusta aprender y hacer cursos y lo entregada que estoy a mi formación me sienta tan ignorante. Hoy en clase en un momento me he dicho: Sauce, Saucelito, en realidad eres una impostora. ¿Qué sabes sobre creación del personaje? Y ¿cómo te puedes poner tan nerviosa en una improvisación? ¿Dónde están tus tablas? ¿Y la experiencia?

A veces soy como un naufragio de mi misma donde todo lo que he construido flota desfragmentado y sin posibilidad de uso.

Lo raro es que aún con esta sensación de constante comienzo me divierto y me alegro de seguir aprendiendo a flotar.

Llegar y besar el santo.

Parece que España quiere que me quede un poco más… Nada más llegar me ha salido trabajo! ¡Bien! ¡Rebién! ¡Viva Lula Duhalde! ¡Viva mi maravillosa representante!

Yo estoy deseando volver pronto a Buenos Aires para empezar con las clases en Timbre4 y con el curso de Román Podolsky… pero es que me reclaman para un capítulo en Ángel o Demonio en tele5. ¡¡¡Bieeeeennnn!!! ¡Qué suerte tengo! Y encima de compi: Joaquín Abad, un sol de chico y un gran actor.

¡Buenos Aires, no te muevas de lugar! Llegaré, más tarde, pero llego. ¡¡¡Espérame!!!

¡Ay, mi flaka!

“¡¡Nooooo!! ¡¡¡No puede ser!!! ¡Mi moto no arranca!” Así empezó el día de ayer. En San Sebastián de los Reyes, a 25 km de Madrid con la moto convaleciente.

Tenía unas ganas locas de coger por banda a mi Flaca. A ver: Flaca es el nombre de mi moto y, como estoy en España, ya puedo decir coger sin que suene mal, o bien… depende. Aunque cada vez que lo digo siento en mi boca el nuevo peso de la palabra.

La cosa es que Ana, que guardaba mi moto, ya me dijo que no arrancaba. Pero yo lo intenté, por supuesto. Después de dejarla caer por las cuestas de los alrededores del Factory, aparqué en una glorieta y llamé a la grúa. Como no, un motero-terminator me vio esperando sola, leyendo el libro “Marlon, amor imposible” y me dijo:

– ¿Quieres que pruebe yo?
– Prueba, prueba… (dije pensando “ya está, como soy chica se piensa que soy tonta”)

Y la arrancó. ¡Nooo! Soy tonta, ya está. Y encima crecidita. Toqueteó las tripitas de mi moto y quedó como el salvador de damas en apuros. ¡Mierda! Me tengo que dejar de tanta danza y apuntarme a un curso de mecánica.

El caso es que había un mal contacto en la pipa de la bujía y no me iba a arriesgar a que se me parara en mitad de la Nacional 2. Porque aunque no sea la Panamericana también es peligrosillo el asunto.

Con el señor Eduardo en su grúa hasta el taller. En 15 minutos me arreglan el contacto y la Flaca y yo paseamos felices por un Madrid soleado.

Respiro profundamente. Suspiro. Mi moto entre mis piernas, mis pulmones llenos de contaminación madrileña.

Lo que me faltaba.

Qué bien funciona el metro, que poca espera, que limpito todo, las calles, las aceras, que ordenadito todo y los buses, que silenciosos, que despacito van, y cuántos intermitentes veo… No los puedo ni contar.

Y en medio del éxtasis europeo, más por contraste que por otra cosa, caminando acalorada, porque he decidido ponerme todos los abrigos que tengo, me encuentro con un chico que conocí en Buenos Aires. ¡Por la calle!

– ¡Eh! ¿Ya has vuelto?
– Sí, hace dos días. ¿Qué tal?
– Deseando volverme… ¡Pero ya!
– ¡Nooooooo! No me digas eso.
– ¡Ay! ¿Y tú?
– ¿Yo? ¡Ay también!

Un océano.

Me apetece escribir sobre el Pato, ese juego nacional de la Argentina donde ocho jugadores (4 por equipo) se pelean por meter un pato en una especie de canasta de baloncesto pero vertical. Bueno, antiguamente era un pato, pero en algún momento decidieron cambiarlo por una pelota con unas cuerdas de cuero alrededor. No sé si tuvo algo que ver la Asociación de Patos Deportistas.

Ese silencio que se crea cuando un jugador se hace con el pato y empieza a galopar hacia la canasta del equipo contrario. Los caballos, orejas hacia atrás, se lanzan detrás o delante, persiguiendo al que se da a la fuga o abalanzándose frontalmente a él… Silencio… Y el suelo retumbando: tu tum, tu tum. ¡Pasan por delante! Ta ta tam, ta ta tam. Brrrff, brrfff, respiran los caballos. Mi corazón en un puño.

Me apetece hablar de ese día en las carreras. Hipódromo de Palermo, edificio de película, correteo nervioso, caballos majestuosos, no hay pamelas, no hay británicos de corte elegante. Gente de la calle, trabajadores, un padre del interior con su hijo pequeño. ¿Por cuál apostaron?- pregunto. Por el sinco- responde. Fer saca fotos a los enanitos subidos a los corceles. Yo me estudio la tabla con los nombres de los caballos, la edad, quienes eran los padres, carreras ganadas… Me creo una ilusión de que controlo algo, la fantasía de que pensando tal vez consiga apostar 3 pesos (algo más de 50 céntimos) al caballo de nombre divertido y gane.

Lo único que ganamos fue una tarde estupenda y divertida donde había más posibilidades de ver a los hermanos Marx en cualquier momento que de ganar 10 euros. “Dale dale, siiiiiii, siiii, aaarrrgghh, uuuhhh, oooooh! ¡El sinco, el sinco!” Ganó el caballo del niño y su padre. Gritos y saltos. Euforia.

Me apetece contar cosas de allá pero estoy aquí, cebando mate con mi termito. Muerta de frío y mira que me he abrigado. Camiseta interior, térmica de cuello alto, jersey de lana de cuello alto también, abrigo forradito… Y en la calle tiritando, con los hombros encogidos y el invierno metido en el alma. ¿Dónde está la pelo-pincho (piscina de plástico poco más grande que una bañera)?

Estoy aquí sin poder deshacer la maleta. La he revuelto para sacar la yerba y así ha quedado en la cama. Pereza de instalarme… Y sin embargo estoy tranquila, segura, en mi espacio. Desde el avión divisé Aranjuez y le dije a Marcelo, el argentino que viajaba a mi lado: “¡mira! Aranjuez! Ya estoy en casa…” Suspiré relajada.

Me vino a buscar Alberto, divino como siempre, y desde que me subí al coche sentí como la tensión de lo desconocido, los nervios de la búsqueda y el esfuerzo por comprender desaparecían. M30, A2, Avenida de América, Paseo del Prado, Atocha, puerta de Toledo… La Latina!

Llegué y respiro. Cargo fuerzas.

Lejos las flores por las esquinas, cerca la fruta barata. Lejos los libros y librerías, cerca los bares de cañas. Lejos, allá, el teatro, la aventura, los autos locos. Acá todo en orden y limpio, semáforos comprensibles, baldosas regulares, caminar con los ojos cerrados…

Entre el aquí y el allá me encuentro, gustosa del rencuentro con mi gente de siempre y recordando a los nuevos que conmigo llevo. Dividida en dos partes. Feliz y melancólica. Respirando la Argentina que traje entre los pliegues de mi carne, respirando la España que siempre me espera.
Llorando movimiento.

Mi grieta: ¡un océano!

Tomando mate…

Ya.

Ya me encuentro gente por la calle.
                                  En los bares,
en el subte,                                    en el colectivo…

      Ya saludo a los vigilantes del colegio Beth
al frutero
al florero
al librero…

Ya le digo a la gente que conduce cuál es el camino más corto.

      Gorriti baja al centro
                            Godoy Cruz está en obras
             Mejor por Armenia,                Serrano tiene lío a esta hora.

Ya los colectivos se ordenaron en el plano de mi cabeza.
12,
    55,
168,     160,
                                    152,   
111 (nunca, no llega),
37,                           28,             29…

Ya conozco el juego del pato, tan gracioso como impresionante, ya conozco hasta sus reglas locas de caballos galopando con caballeros peleándose por una pelota con cuerdas.

Ya me vuelvo a España…