¡Otro mundo es posible!

Llego a mi no mía casa, me sirvo un vino, invito a Chet Baker, enciendo mi no mía chimenea (oh yeah) y recapacito sobre mi ensayo de hoy. Otro mundo es posible, comprobado.

Hay un señor abogado, al que no conozco en persona pero al que admiro profundamente, que tiene una casa in-cre-í-ble en Palermo Hollywood y al lado una sala de ensayo ex-tra-or-di-na-ri-a. Con un patio, la sala digo, una cocina, con mate, claro; una oficina, calefacción, suelo de madera, cajas para que cada grupo guarde el atrezo…

A Sebastián Soler, amante del teatro independiente, le debe ir bien como abogado. Se dedica a ver obras, muchas obras, y ha creado un premio. Sí, ¡un premio! El premio Ese (S) que él da a un actor, una actriz, una directora, un director, un grupo… Vamos, a quien considere él que es bueno. Y consiste en dinero y/o lugar de ensayo gratis para que hagas otra obra. No vale comprarse un coche, no. ¿No es maravilloso?

Cuando Eugenia me ha explicado el por qué tenemos una sala tan de puta madre, con perdón, he besado, literalmente, la fachada de la casa del señor Sebastián y rogado al universo que le vaya muy bien para que siga dando ese premio, el premio S.

Encima Eugenia me ha explicado que una de las puertas de la sala va a dar al jardín de su casa con piscina y que en verano organiza asados con la familia y la gente del teatro independiente. ¡Todos invitados! ¡Todos por amor al arte sin salir perdiendo por una vez! Manteniendo la llama, avivando el  fuego.

Esto es ser un mecenas, ¿no? Es que pensaba que era algo del Renacimiento…
Hoy sé que la calle Soler de Buenos Aires es en su honor, y me da igual que me digan lo contrario.

Besos agradecidos.

Anuncios

Mi primer accidente.

¿Qué pasaría si me dejan un auto para llevar comida a la Acampada de Democracia Real Ya Buenos Aires y de camino, en una mítica avenida, choco un Audi metalizado conducido por el matrimonio más famoso de la prensa rosa (o es amarilla) de este país?

Bueno, pues no pasó nada, nadie herido y el choque fue solo un golpecito-rayajo. Y yo que ni conozco a los famosillos de mi país, me fui tan pancha sin saber que acababa de alterar la vida de los que me aparecen en la página de inicio de yahoo. El seguro cubre.

Haciendo contactos.

¡Tan chiquita! ¡Tan pequeño!

Una niña que no llega a los 6 años se sube sola al tren con un bolsito de tela y un montón de libros de colores y dibujos agarrados con un solo bracito. Tiene la boquita como una fresita silvestre manchada de barro. Los ojos vivos como una culebrilla de agua. El pelo negro atado en una cola donde seguro que vive un gatito juguetón y por mucho que ella se peine, él siempre la despeina. Ella vende libros para niños: “Podé mirar, señora, el osito Winnie, el Hombre Araña, el Ratón Mickey…” dice con voz de leche de pecho. Camina entre rodillas de gente gigante, mira hacia arriba con unas pupilas que no necesitan lágrimas para llorar. Los libros con los que debería ella jugar…

En el subte entra un niño de unos 8 años con cuatro pelotas de colores. Suelta un discurso todo de carrerilla mientras hace malabares. Una pelota detrás de la cabeza, las rebota contra el techo y las atrapa sin problemas, las para con un pié. En el transcurso del show, frenazos y traqueteo de este subte reciclado japonés. Porque muchos vagones tienen los carteles en japonés y encima una pegatina de la empresa de transportes con el aviso en español. El niño acaba, le aplaudimos, sonreímos para ahogar el grito y sacamos nuestras carteras para intentar volver a meternos el alma en el cuerpo, que, destrozada se arrastra por el suelo.

En Chile, con Pilu, vimos dos niños sentados en un carro tirado por dos vacas. Saludaban a los coches que les adelantaban, se pegaban coscorrones el uno al otro y se reían cuando les hacíamos fotos y les devolvíamos el saludo.

Sauce, vuelve a esa imagen, vuelve… Y no llores más.

Besos rotos.

¡Qué difícil!

¡Cuánto nos gusta hablar!
¡Cuánto nos gusta escucharnos!
¡Cuánto nos gusta figurar!
¡Qué encantados estamos de conocernos!
¡Cuánto nos cuesta ponernos manos a la obra!

Qué difícil es organizarse con 100 personas cada una de su padre y de su madre: unos que si jornadas de socialización,
otros que sí propuestas claras ya,
aquellos que si por España,
estos que si por el mundo,
entre medias por Argentina,
que si banderas,
que sin banderas,
risoterapia y abrazos,
calentamiento global,
cultura, sanidad,
manifiestos, acampadas,
apoyos;
medios sí, medios no;
compartimos los gastos,
movidas de dinero no,
organización,
ideas,
comunicación,
votación,
¿y si no votamos?, ¡mejor consenso!

Por favor, ¡qué vorágine, qué revolución! Qué difícil, de verdad. No me extraña que los dictadores aprovechen para dar un golpe de estado…

Y yo me pregunto: ¿qué pensará la señora que va delante de mi en el bus?

Y yo pienso:
Es otoño en Mayo, caen las hojas y dejan el suelo con una alfombra dorada. ¡Qué bien que en esta ciudad no las barran!. Me duelen los ovarios. Por lo menos hoy no llueve… Tengo sueño. ¡Qué ganas de playa! Me gustaría estar en España, aunque sea un día, y quitarme esta sensación de Octubre. Me gusta el merengue, no me gusta la nata. Me voy a tomar un vino conmigo misma y el abrigo de Maggie a la terraza… ¡Se me olvidaba! ¡Anoche hice gelatina! ¡Bien!

Besos dudosos.

¡El afilador!

Escucho la flautita: Pirulí, pirulíííí!

Me asomo al balcón casi instintivamente y le pego un chiflido. ¡El afilador con su bicicleta!

Por primera vez me va a afilar los cuchillos ese hombre pedaleando para hacer girar la piedra. Es como un viaje al pasado, ese señor antiguo, surcado por el tiempo en otro tiempo, de mirada cansada y vidriosa y olor a vino añejo.

No es el primer día que lo escucho, pero sí el primero que me lanzo al llamado de su flauta. ¿Será que estoy en pié de guerra? ¿Será que tengo ganas de matar? ¿O me temo que me va a tocar seguir cocinando y no quiero luchar contra la piel de los tomates ni la grasa de la vaca si no voy bien armada?

 Besos armados!

Mayo de 2011!

Después de cocinar para más de 15 personas, sufrir como una madre el hambre y frío de los polluelos, llegar tarde a la asamblea momentáneamente trasladada a la Biblioteca Nacional, debatir durante casi 6 horas, ya no queda nada de mi misma…

Sólo queda: el salón comunal que nos han prestado en la Biblioteca Nacional, las comisiones que hemos conseguido formar, las personas que duermen de nuevo esta noche en la Embajada con el frío húmedo de esta ciudad del sur, las buenas noticias de aquí y de España… Las malas también. Y el cansancio de ser muchos, con ideas diferentes, con ímpetus variados y con ganas de hacer algo.

Aquí seguimos y parece que seguiremos.

Besos silenciosos

Foto de Mario Acevedo: http://www.flickr.com/photos/marioacme/

Día 3.

Después de salir de casa con mil destinos que cubrir a lo largo del día, mochila llena de cosas y sin saber cuándo voy volver a casa; llego y mi cuerpo me pide el divorcio definitivamente.

He ensayado, he ido a clase, he presentado escena de La casa de Bernarda Alba, he ido a la embajada en la otra punta de la ciudad, he debatido, he defendido, he votado, he escrito comunicado, he comido miles de galletas y he tomado mate.

Pero lo he hecho por amor al arte, porque quiero ser una actriz grande y buena. Porque quiero cambiar las cosas, porque esto no puede seguir así, porque es el momento de hacerlo, y parece que todo a la vez. Las cosas vienen así, cuerpecito mío…

¿Entrará en razones? ¿Habrá reconciliación?

Besos en negociaciones.