Mes: octubre 2011

Rezo.

El jet lag no existe.

El jet lag no existe.

El jet lag no existe.

El jet lag no existe.

El jet lag no existe.

El jet lag no existe.

El jet lag no existe.

El jet lag no existe.

El jet lag no existe.

Más vale que sea efectivo este mantra porque Buenos Aires, Madrid, Milán, Madrid, Buenos Aires en 4 días es todo un acontecimiento.

Va a ser tan rápido que ni el jet lag seguirá el plan de ruta. Es como traspasar la barrera del sonido.

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¡Casa!

Me he mudado. Otra vez.

¡Y estoy feliz!

La casa es grande, con suelos de madera y muebles antiguos. Libros que quiero leer me observan desde la estanterías. Huele a incienso y hay velas por las esquinas deseosas de que llegue la noche, vuelva a casa después de un largo día y encienda las cerillas. En el salón un piano. En las paredes, cuadros y hojas de árboles pegadas. La cocina, antigua, robusta, eterna. La bañera… la bañera grande como la que había en casa de mi abuela.

Juan me dejó la amplia habitación de ventanal y visillos con la cama hecha. Sábanas blancas y negras. Fotos en la cómoda, flores en la mesa. ¡Qué bien se duerme! ¡Qué silencio!

Y Antonio, el hermano de Juan, un bailarín de ballet risueño y dulce con el que vivo. Siempre amable y divertido, hablando entre carcajadas. Desayunamos cereales y semillas con licuado natural.

Cuando doblo la esquina y me acerco al portal, sonrío.

Ana Postigo.

Enterarse por facebook de una muerte es nuevo para mi. Enterarse de repente, por los comentarios que dejan en el muro amigos y familiares, es raro e irreal.

 

De por si la muerte de Ana Postigo ha sido repentina, inesperada. Un día estamos en su milonga, a los dos días estamos con ella en otra milonga y dos días después la ingresan en el hospital. Inconsciente. Un accidente cerebral.

 

Accidente porque es repentino como si te atropella un camión en el paseo Colón, como si te estrellas con el coche en una curva de Despeñaperros, como si te parte un rayo en mitad de una tormenta eléctrica en Guadalajara (cualquiera de las dos).

 

Ana: mujer morena de boca grande y enigmática, de ojos negros que miran entendiendo. De esas personas que llevan un aire severo y cortante con la mayor dulzura, de una acidez cercana y entrañable. Una mujer de humor inteligente.

 

No la conocía mucho, solo la frecuenté en estos meses. Y sin embargo, esperaba noticias al respecto de su evolución en el hospital cuando de repente el facebook, así, sin más, me desvela que murió.

 

Tal vez tenga que acostumbrarme porque intuyo que esto me volverá a suceder.

Torito bravo.

Cuando te vas a cenar a un restaurante Gallego con un menú de siete platos (7), variedad de postres y vino a grifo abierto. Un restaurante cuyo dueño, un señor gordo, con bigote, vestido de negro riguroso, mezcla de italiano mafioso y español “sobrao”; el dueño, decía, bebe vino de la bota mientras canta

 

“ese toro enamorado de la luna

que abandona por las noches la maná…”

 

Después pasa por las mesas ofreciendo bota a cambio de canto seguido por un fotógrafo que te saca las pe-o-res-fo-tos-de-tu-vi-da. Mientras, una rubia de bote, versión argentina de Rafaella Carrá, toma el relevo del micrófono y canta tangos y copla, si no recuerdo mal.

 

Cuando te veas en una situación parecida, por favor: no te pongas camisa blanca. Y ese es mi consejo. Todo lo demás, no lo podrás evitar.

Ridícula.

Sauce, un sábado lluvioso hace un bizcocho de semillas de amapola, harina de lino y copos de avena con jengibre, canela y chocolate negro. Se pone una falda negra para desquitarse de la semana de chandal y ensayos, se pinta los labios de rojo a juego con la flor que se planta en la solapa y se va a la fiesta de cumpleaños de Nara, una compañera actriz que celebra su cumpleaños con glamour y elegancia.

23h. Sauce, con una bolsa con la tarta, en la calle solitaria y fría. Se hace pis. Toca el timbre. Responde el novio de Nara.

Yani: ¿Sííí? (dice con voz extrañada)

Sauce: ¡Hola! Soy Sauce.

Pausa.

Yani: ¿Buscas a Nara, no?

 Sauce: Pues claro.

 Yani: Eh… No está.

Sauce: Ja ja ja… Estás de broma, ¿no?

 Silencio. No se oye música por el telefonillo, ni voces, ni nada.

 Yani: No, está en el teatro. Pero espera…

 Sauce: ¡Pero si es su cumpleaños!

 Yani: No. Es el 15 (sábado que viene). Te abro.

 Sauce sube a la casa, la hija de Nara está enferma, Yani cocina espaguetis, ambiente de recogimiento familiar. Se nota que no esperaban visitas.

 Sauce, la Ridícula, va corriendo al baño porque se mea encima y en el camino siente que ha llegado al colmo del mamarrachismo. ¡Qué vergüenza!

 Menos mal que llegó Nara a los 5 minutos y entre las dos, mano a mano y con varios tés para bajarla, las dos se comieron la tarta. Las semillitas de amapola crujían en la boca, los dedos manchados de chocolate, las mejillas de Sauce poco a poco dejaron de estar rojas.

 

 

 

Inmensidad.

La primera vez que sentí la inmensidad de este país gigante y despoblado fue cuando viajé a la Patagonia en coche y el paisaje pasaba y pasaba sin casas, sin pueblos, sin curvas casi…

A un amigo le da un infarto y tienen que trasladarlo al hospital más cercano preparado para asistirlo y eso significa meterlo en una ambulancia durante 6 horas… ¡6 horas! Un amigo que vive en el sur, lejísimos de Buenos Aires. 6 horas desde su pueblo hasta otra ciudad que sigue lejísimos de Buenos Aires, porque 19h de coche es lejísimos.

Entonces te das cuenta de lo que significa la inmensidad más allá de inmensidad en si misma.

Por suerte y porque así tenía que ser, está bien y el viaje se hizo largo, pero se hizo.

En España todo está cerca, todos viven cerca los unos de los otros pero no se dan cuenta.

Teoría y práctica.

Quiero ser actriz para contar lo que hay que contar, lo que tengo para contar, para dar…

Quiero dar luz a la sombra, aunque sea un pequeño rincón de esta gran casa.

Quiero hacer preguntas importantes para que se busquen respuestas. Para que cada vez que se avive esa duda, el camino a la certidumbre sea distinto y nos muestre nuevos paisajes. Y de nuevo la incertidumbre…

Quiero participar en proyectos que me involucren como ser humano, que me conmuevan como persona, que me definan como Sauce.

Siempre alzo el discurso del teatro en pro de ese sueño.

Ahora, me dan la oportunidad de participar en una obra que cuenta lo que hay que contar, que da luz a las sombras, aunque sea en un pequeño rincón de Buenos Aires. Que hace preguntas importantes aunque tal vez dando ya algunas respuestas. Ahora me invitan a participar en ese camino y me encuentro conmigo misma…

Y todo es difícil.

Y lo que reclamo y proclamo se vuelve imposible en mis manos.

Y nada está hecho.

Y siento que no llego.

Y de nuevo, del dicho al hecho hay un trecho con mi nombre.

Y soy pequeña. Y me busco y no me hallo. Y tal vez, mi teoría sea mucho más valiente que mi práctica. Y tal vez debí dedicarme a la filosofía en vez de a la farándula.

Besos pequeños, minúsculos, de los que parece que desaparecen antes de salir de los labios.

http://granosdeuvaenelpaladar.blogspot.com/