Domingüeno

Años después de Buenos Aires, de recorrer las noches atorrantes de milongas auténticas del brazo de Banchero… Años después me he lanzado al río y he vuelto a bailar tango!!!

Ayer fue un domingo de los más maravillosos que he tenido. Mi amigo Igor, que tanto me cuida, me invitó a una macrofiesta a la que decidí no ir. Ya estuvo bien la aventura con Djul el Sábado por la noche; colándonos en museos y en antros. Esa batalla la escribiré en detalle…

Pero ayer, solita, cogí una bici, el miedo de mis tacones y me fui a la milonga del Sena.

 

milongasena2

Entre nervios y vergüenza me dejé sacar por todo aquel que me miraba. Cerré los ojos para perderme en los puntos cardinales del semicírculo abierto al río. Y en la oscuridad de mis párpados cerrados me dejaba llevar por el abrazo de hombres de todos los colores, formas y edades. Y cuando los abría… El Sena! Con el oleaje de los barcos que se deslizaban llenos de turistas haciéndonos fotos.

Cuando salí del abrazo del tango, sudada y oliendo a mucha gente, continué un domingo de encuentros con desconocidos y nuevos conocidos. Conversaciones interminables sobre vida y muerte, caminos y caminantes, lo real y lo imaginario, los conceptos y valores, la vejez, la alegría… Dulce filosofía de domingo entre riberas, puentes, palacios, el Louvre!, Le Marais… Y vuelta a St Michel.

Qué alegría tan grande para mi alma, mi mente, mi carne y mis hueso.

 

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