Mi triunfo en el arco

Viernes 3 de Junio. Abro los ojos a un día nublado, frío, lluvioso. Es temprano pero Paris lleva despierta siglos. Hoy voy al consulado a rogar mi voto. En principio parece sencillo.

Al llegar al transbordo en St Michel la línea está cerrada, parece que necesitan barcos en vez de trenes… Cambio de planes, bus a Saint Lazare. Atascooooo!!! Uff! Me bajo en Ópera. El metro justo en frente de donde me deja el bus. Genial! La gente amontonada en la acera esperando la autorización del semáforo. Espera un poco más larga de lo normal. En el mismo momento que se pone en verde un sonido atronador de una decena de sirenas. Un convoy de unas 20 furgonetas de policía pasa delante de nosotros cortando la calle, la plaza, la respiración… El semáforo en rojo de nuevo. Cuando por fin cruzamos parecemos dos estampidas de ganado chocándose unos con otros. Mucho glamour parisino, oye.

Llego al barrio del consulado. Frío: sí. Lluvia: sí. Paraguas: no.

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En el consulado me tratan bien y me desean buena suerte con los plazos y el correo. Me voy con mi certificado de residente temporal bajo el brazo y decido aprovechar para ir al banco. El más cercano: cerca del arco del triunfo. Pa’llá que voy en un bus que de casualidad va hacia allí. En el banco no me solucionan nada pero ya lo sabía. No importa, voy a coger el metro para volverme a casa.

Las calles llenas de gente, autobuses y grupos con guías. Yo no sé en cuantos selfies ajenos he salido ya… Voy hacia la entrada. Un policía disgustado me dice que esa está cerrada. Vuelvo al mar de personas flipadas con el Arco del triunfo. Entro por otra entrada. Largo pasillo en obras. Una mujer toca el violín. Me paro, me sonríe, le sonrío. Sigo.

En el hall de entrada hay policías y empleados gritando a la gente que sale del metro: “¡¡por aquí no, usen la otra salida, estas no se pueden usar. Por la otra salida!!”- Yo no salgo, yo entro. Mi abono transporte no me funciona, no me abre el cacharro para entrar. Le pregunto a uno de los gritones y me dice que no sabe nada, que a la taquilla que está al otro lado del pasillo. Voy y por el camino saludo a la violinista, me sonríe.

Me solucionan el problema. Vuelvo, saludo a la violinista; me devuelve una sonrisa interrogativa. Cola en los tornos de entrada. Ahh!! Necesito salir a la calle. “Señorita por esta salida no, por la otra” – “Ah, es verdad”. Pasillo largo. Saludo a la violinsta, no me sonríe, sólo me mira con cara de póker.

Salgo y voy directa al Arco del Triunfo a hacerme una foto. Mi triunfo del día!

Al volver a la estación un policía me pregunta si entro o salgo. “Entro, monsier, eso intento desde hace media hora…” Me deja seguir por el pasillo. La vilonista no está. En el momento que llego al andén otro policía está cerrando la entrada con un cordón policial. Acelero el paso y entro justo antes de que lo ate al extremo. Me siento Indiana Jones. El policía me mira y suspira. Yo suspiro más fuerte! Llega el metro. Me subo!!!

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