Pintan espadas.

Cuando me fui a vivir a París empecé encontrarme cartas en mi camino. La primera vez que me sucedió estaba paseando por el canal Saint-Martin. Entre mis pies aparecieron dos cartas boca abajo con ese diseño floral de blanco sobre rojo intenso que me recuerda a mi infancia. Iba a coger las dos pero, en el último momento, pensé que debía elegir sólo una. La otra estaría destinada a otra persona. Me quedé un rato mirándolas eligiendo la mía e imaginando que carta me encontraría en su dorso. Sería una baraja española? Bastos? Tal vez copas? O sería una baraja francesa, más propia de las calles que recorría? Entonces podrían ser picas, rombos, corazones…Iimaginaba como una maga que lee en la mente del voluntario del público la carta que éste eligió de toda la baraja. Le di la vuelta y mi cara se llenó de sorpresa. No era un siete de oros, ni una sota de espadas, no era un as de trébol, ni siquiera era un comodín. Era una carta en blanco. Esta sí que es de magos! Y de magas como yo! Una carta lisa, blanca, sin palos, ni figuras, ni siquiera nacionalidad. Era mi carta en blanco que me daba la bienvenida a esa ciudad que aún hoy siento tan mía. La guardé en mi cuaderno de notas, sonreí y seguí caminando dejando la otra carta bocabajo para que viniera buscarla su destino.

Después de ese momento me sucedió bastantes veces, me encontraba cartas por la calle, en las esquinas… A veces eran unas, a veces eran otras, pero siempre eran para mí. O por lo menos yo le encontraba un significado a esa figura, ese día concreto, en mi vida. Después dejó de sucederme hasta que me fui a vivir a Buenos Aires. De hecho, me sorprendió esta reaparición del azar. En esa época escritora escribí en mi blog acerca de estos encuentros fortuitos con cartas que me hablaban con su código jeroglífico. Pero al tiempo, volvieron a desaparecer. Ya no encontré más cartas.

El otro día, volvía de danza con el cuerpo dolorido y la piel mojada bajo la intrépida lluvia que me atrapó desprevenida. Y ahí, entre el gris y ocre del Madrid otoñal, en el suelo, encontré una carta. Qué alegría! Que nervios! Porque por supuesto, estaba boca abajo, esperando a que le dieran la vuelta. Deseé que fuera una carta importante, una carta de un gran valor, de esas que ganan bazas y hasta partidas. Necesitaba una figura. Cogí el rectángulo de color rojo con motivos florales. Era más flexible de lo normal a causa de la humedad. Descubrí su mensaje.


Preparada para el otoño e incluso para el invierno! Con toda mi artillería y la corona sobre la cabeza! Espada en mano dispuesta a batirme con molinos o con gigantes, lo que tenga que venir que venga… Y bienvenido sea!

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One comment

  1. Genial… yo tengo la mísma costumbre (sana) y hace la vida una aventura con caballeros, capas, coronas, copas (llenas!) y espero que muchas monedas! Gracias por compartirlo Sauce… Y por regalarme el mazo de cartas más grande que tuve, con toda esa mágia no hay quien me pare! Luchy

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