la culpa no es del frío

En las calles de Buenos Aires me encuentro gente sin techo. Manos sucias y temblorosas que se alzan rogando monedas. Y muchos con niños en colchones y bebés envueltos en mantas. En los vagones sigo viendo niñas despeinadas de 1m de altura vendiendo pegatinas de spiderman, libros para colorear, cuentos de princesitas…

Y ahora, a las puertas de Abril, empieza el otoño de lluvia fresca y dias que se van apagando cuando todavía la ciudad se mueve al ritmo de la compra-venta sin tiempo. Ahora llega el deseo de recogerse en casa, taparse con una manta y mirar la lluvia a través de los cristales.

Y esta lluvia me entristece, se me hace dura, injusta. Pero no es culpa de la lluvia, la amenaza no es el invierno, el viento del sur no tiene colmillos.

Ya no sé ni ponerle nombre a los culpables, no me da la cabeza para empezar la lista de banqueros, políticos, multinacionales y ese etcétera de culpables recurrentes en todos los rincones del mundo. Y debería ponerme en la lista junto a los demás por haberme acostumbrado a este paisaje. Cada día ver más de lo mismo aquí, allí, donde siempre y donde ahora… y seguir caminando, con el alma rota pero con el paso firme. Y seguir escribiendo sin tinta y sin cambiar el mundo.

Besos culpables.

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