No es culpa de la cerilla.

Ultimamente me siento ridícula.

A veces se genera la convención de que todo está bien. Respiramos una atmósfera fingida de complicidad y compromiso, de unión, de equipo, no sé… Como una especie de mentira que pinta todo de un color sintético y forzado. Empiezas a comportarte como si, como si las cosas fueran, como si lo que haces lo haces por… Y resulta que como te sientes no tiene nada que ver a como parece que es lo que es. No sé si me explico. Tampoco sé si me quiero explicar demasiado porque cuando lo hago, la cago. Me muerde otra vez Don Ridículo y me destroza desde dentro, como una infección invisible al entrar y bien asquerosa al salir.

Cuando entre todos nos mostramos al mundo como la mejor versión de nosotros mismos. ¡Ni siquiera! Como la mejor versión que podemos fingir de lo nuestro. Que imaginamos, que deseamos… Cuando hacemos eso el hueco en el que caemos todos no tiene fondo. O sí lo tiene, pero está oscuro y no lo vemos.

La peor solución es encender una cerilla para salir de esa convención y darle un poco de luz a lo que somos, lo que queremos, lo que pensamos. Es lo peor porque la cerilla sólo es un chispazo que encandila y acto seguido se apaga. Y la oscuridad se vuelve más oscura. Durante ese fuego fatuo cada uno ve una cosa, o cree ver, y claro, luego ponte de acuerdo. ¡En realidad estamos todos cegatos!

Yo, para combatir mi ridículo personal por encender cerillas pretenciosas, ensayo sola un monólogo que me encanta pero que me cuesta como subirme a una palmera. Termino y sigue lloviendo. Y mi ridículo a mi lado.

Así que me pongo mis botas de agua de mi corazón, mi falda que me regaló un hada, mis medias rotas y hago uso de este tiempo de mierda que tiene sus ventajas. Me quito la chaqueta y me meto en el charco que se ha formado bajo el limonero cargadito de limones. Sin metáforas. Me llueve y me llueve…

Mentalmente me reúno con mis amigos: con los que no tengo convenciones, con los que somos lo que somos sin necesidad de fingir relaciones estupendas, ni amistades poderosas, ni uniones transcendentales, ni compañerismo. Me reúno con ellos, como si cada limón fuera uno de ellos.

Cae la lluvia esta de Agosto. No hace frío, eso lo reconozco. Y sonrío. Cada gota me lava un poquito esta realidad inventada, esta doble capa de vestiduras y Don Ridículo se va de paseo a buscar a otra personita sin botitas rojas ni limonero.

Y ahora escribo esto, sequita, en la cama, con un trozo de chocolate en la boca.

Y a otra cosa mariposa, que la energía negativa arrastra pero más arrastra la lluvia torrencial.

Besos tal cual.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s