¡Zas!

¡Rayos y centellas! Relámpagos, truenos, chaparrón…

Una casa lujosa en Olivos, es el cumpleaños de un argentino de origen griego que se llenó el bolsillo trabajando duro en los astilleros.

Gran salón con chimenea tamaño cama de una plaza. Ventanales escondidos tras largas cortinas con motivos vegetales. Una pantalla de proyección y luces de colores dando vueltas. DJ Mr Chino pasa vídeos de los 70, 80 y 90 que alegran los zapatos de importación de los asistentes. Pasan bandejas con canapés, copas de vino, cerveza y coca cola. Jorge, el cumpleañero, feliz, enorme, grande, rapado, sonriente, se hace fotos con todos los que van llegando. ¡Parece un estreno!

De repente empieza a sonar música tradicional griega. Aparece la madre griega, nacida en Grecia, tan ancha como alta, toda vestida de fucsia. Con un vaso en la cabeza, haciendo equilibrio, se pone a bailar con su hijo. Y aquella señora que al principio de la noche parecía anclada al cuelo como un barco encallado por los años y el óxido, la misma, baila como una veinteañera con una sonrisa más ancha que su cintura.

Y aparecen las camareras con pilas y pilas de platos blancos, grandes, de barro. Hermosos… Los reparten entre la gente y… ¡Plas! ¡Plas, tras, tros, clos, prum! Todos los tiramos al suelo, unos se los parten en la cabeza a los otros, otros los lanzan de siete en siete. Aparecen niñas y niños lanzando platos. Y yo me muero de la risa. ¡Es divertidísimo! Lanzo platos como una loca, con la mandíbula desencajada por las carcajadas.

Barren el suelo, quitan las montañas de escombros, limpian… ¡Y traen más platos! Bailamos en corro alrededor y sobre los platos rotos. ¡Ja ja ja!

Después, quitan el folklore griego y retoman los vídeos musicales. ¡Cuuuumbia! Sí, sí… Así es Argentina, reina de los contrastes.

Un señor con bigote y traje cantando las hermosuras del movimiento de cadera de la linda mujer, mientras, para muestra un botón, unas cuantas se menean en ropas vinílicas y brillantes. ¿Ropas he dicho? ¡Buah! Unos descamisados postadolescentes con cabellos Timotei cantan a la sabiduría de su mamá que les advirtió que esa mujer les iba a hacer sufrir. La rubia bomba tucumana en short con cinco profesores Jirafales bailando alrededor. Y en mi honor: ¡Aserejé! Con Pilar y sus hermanas en la playa. ¡Qué emoción!

Debieron notármelo porque acto seguido pusieron la Macarena. ¡Uff! Me voy, me voy… Porque aunque yo no lo sabía, fui al cumple para romper platos. Sólo por eso. Y a partir de hoy lo considero tradición de toda la vida, y siempre que se dé la ocasión, cumpliré con este rito que me representa.

Besos lanzados para que se partan en el destino.

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