Soñando Galeano.

Soñé que conocía a Eduardo Galeano. Estaba en Uruguay, en su casa y él me hablaba con esa lentitud elegante, esas vocales alaaaargaaaaadaaaaas, esa presencia entre seria y amable. Y entonces, no sé cómo, resulta que era un antiguo militar nazi. Se refugió huyendo a América después de la II Guerra Mundial y cambió de ideología. Y él, tan sereno, así lo decía: cambié de forma de ver la vida. Sus ojos transmitían una mezcla de frustración y aceptación. No le gustaba su pasado pero, en fin, era cierto, había sido nazi militante, ¡y activo!

Tenía la mirada triste pero orgullosa, como si sus atrocidades le dolieran, pero su giro ideológico le hiciera sentirse realizado. Y asumía lo que fue y lo que es.

Cosa rara.

Soñé pensamientos contradictorios. Le admiraba por lo que es, le despreciaba por lo que fue. Mis sentimientos oscilaban entre la decepción y la admiración. Un dilema. Ese hombre, con esa calma… y esas cosas que había hecho, con sus manos. No sabía como comportarme. No sabía qué pensar. Me decía a mi misma: ¡no me lo puedo creer! Jamás lo hubiera imaginado… ¡Cuánto te puedes equivocar con las personas! Cuánto piensas que sabes y en realidad ni idea.

Eso soñé. Cosa rara. Y todo fue un sueño, menos mal.

Pero me desperté con muchas preguntas… Preguntas que me gustaron. Sin respuestas pero buenas para ser preguntadas.

Besos inesperados.

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