Madre-Padre. Padre-Madre.

Una pareja se conoce en Madrid, se van a vivir juntos en Madrid, tienen una hija en Madrid y en Madrid se separan.

Abogados. Jueces. Psicólogos.

El padre conoce a alguien en Málaga y decide que se lleva a la niña a vivir allí. La madre y la familia de la madre no quieren, por supuesto, no entienden que se la pueda llevar si es allí donde la tuvo y construyó su vida, y su vida es más que dos.

Abogados, jueces, psicólogos…

La psicóloga le pregunta a la niña. Ella dice que se quiere quedar en Madrid, con sus abuelos, con su madre, en su cole, con su prima. La psicóloga lo escribe en el informe. Detalladamente.

El/la juez dictamina que se quede con el padre porque es el padre. La madre no es drogadicta, no está en paro, nunca dejó a la niña sola ni en peligro, pero no es el padre.

De locos este relato.

Ahora cambiemos la palabra madre por padre y viceversa.

Se normaliza la historia y no suena tan rara.

Esto también forma parte de la igualdad. Que las cosas no dependan del sexo, del género… Que dependan de lo humano, de cada caso, de la lógica, de la justicia ciega.

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