¡Casa!

Me he mudado. Otra vez.

¡Y estoy feliz!

La casa es grande, con suelos de madera y muebles antiguos. Libros que quiero leer me observan desde la estanterías. Huele a incienso y hay velas por las esquinas deseosas de que llegue la noche, vuelva a casa después de un largo día y encienda las cerillas. En el salón un piano. En las paredes, cuadros y hojas de árboles pegadas. La cocina, antigua, robusta, eterna. La bañera… la bañera grande como la que había en casa de mi abuela.

Juan me dejó la amplia habitación de ventanal y visillos con la cama hecha. Sábanas blancas y negras. Fotos en la cómoda, flores en la mesa. ¡Qué bien se duerme! ¡Qué silencio!

Y Antonio, el hermano de Juan, un bailarín de ballet risueño y dulce con el que vivo. Siempre amable y divertido, hablando entre carcajadas. Desayunamos cereales y semillas con licuado natural.

Cuando doblo la esquina y me acerco al portal, sonrío.

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