Ana Postigo.

Enterarse por facebook de una muerte es nuevo para mi. Enterarse de repente, por los comentarios que dejan en el muro amigos y familiares, es raro e irreal.

 

De por si la muerte de Ana Postigo ha sido repentina, inesperada. Un día estamos en su milonga, a los dos días estamos con ella en otra milonga y dos días después la ingresan en el hospital. Inconsciente. Un accidente cerebral.

 

Accidente porque es repentino como si te atropella un camión en el paseo Colón, como si te estrellas con el coche en una curva de Despeñaperros, como si te parte un rayo en mitad de una tormenta eléctrica en Guadalajara (cualquiera de las dos).

 

Ana: mujer morena de boca grande y enigmática, de ojos negros que miran entendiendo. De esas personas que llevan un aire severo y cortante con la mayor dulzura, de una acidez cercana y entrañable. Una mujer de humor inteligente.

 

No la conocía mucho, solo la frecuenté en estos meses. Y sin embargo, esperaba noticias al respecto de su evolución en el hospital cuando de repente el facebook, así, sin más, me desvela que murió.

 

Tal vez tenga que acostumbrarme porque intuyo que esto me volverá a suceder.

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