Torito bravo.

Cuando te vas a cenar a un restaurante Gallego con un menú de siete platos (7), variedad de postres y vino a grifo abierto. Un restaurante cuyo dueño, un señor gordo, con bigote, vestido de negro riguroso, mezcla de italiano mafioso y español “sobrao”; el dueño, decía, bebe vino de la bota mientras canta

 

“ese toro enamorado de la luna

que abandona por las noches la maná…”

 

Después pasa por las mesas ofreciendo bota a cambio de canto seguido por un fotógrafo que te saca las pe-o-res-fo-tos-de-tu-vi-da. Mientras, una rubia de bote, versión argentina de Rafaella Carrá, toma el relevo del micrófono y canta tangos y copla, si no recuerdo mal.

 

Cuando te veas en una situación parecida, por favor: no te pongas camisa blanca. Y ese es mi consejo. Todo lo demás, no lo podrás evitar.

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