Negro misterio.

La mujer de ojos negros que se pinta los labios de negro y se pone un largo postizo negro en su cola de caballo azabache rabioso. La mujer de gesto serio viste de negro pero un cuello de camisa afilado asoma blanco y dos perlas brillan soberbias en sus orejas. La mujer de dedos largos y elegantes, decía, se sube al bus y saca las moneditas de un botecito de carrete de fotos de plástico negro que luego guarda en su bolso de charol, negro.

Se desplaza sin caminar, se apoya sin dejar peso. Nadie la mira. No mira a nadie pero yo siento que todo lo ve.

La mujer llevará encima unos 55 años de misterio, o 200 congelados en un gesto. Me pregunto si es real, si está o sólo yo la veo. Unas arrugas perfectas, exactas, definidas como sutiles dibujos en una tez frágil como la camisa que una serpiente abandona en el camino… Esas arrugas, decía, son la prueba de que vive o al menos vivió, si se tratase de un fantasma.

La mujer se baja del bus. En el aire flotan todavía dos destellos de perlas claras.

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