Anécdota

Me sale un unitario (capítulo en una serie semanal) en Argentina. Sólo digo una frase, está bien… En la parte de atrás de un coche así que ni se me ve, cierto. Pero bueno, yo ensayo mi frase:

Con acento argentino:
Antonella, ponete bien el cinturón de seguridad, ¿querés? Hacé como tu abuelo.

Con acento “gallego”:
Antonella, anda, ponte el cinturón de seguridad. Haz como el abuelo.

Grabando… y… Acción! … Corten. Listo! Valió.

En la siguiente toma el actor que hace de abuelo dice: “No llevaba puesto el cinturón. ¿Se ve?” Le dicen que sí pero que no importa…

¿Eh? ¡Encima que no salgo y casi ni hablo lo único que digo es una idiotez! ¡Un chiste!
Bueno…

Se queda un plano por grabar porque se hizo de noche y parece ser que no contaban con eso. Me dicen que lo mismo mañana o pasado se termine lo que falta y tendría que volver. Pero que probablemente no haga falta y se quede tal cual. Que me llamarán…
Mañana, o sea hoy por la mañana, cuando salía para un ensayo al que le seguía un almuerzo para después tener otro ensayo, es decir, cuando ya tenía organizado mi día, efectivamente, me llaman.

“¿Sause? Mirá, te llsamo para sitarte a las 13 en a tomar por el orto para llsevarte a Escobar. Grabás hoy.”
¡¡¡¿¿Quééééé??!!! ¿Escobar? Google maps. ¡Ay! Eso está más allá de lo que ya está lejos.

Mi maquinaria de organización se ha puesto en marcha y he solucionado en media hora todo el día sin que la sangre llegara al río.
Y allí que fui, tras el primer ensayo que no tuve que anular para salir de espaldas en la parte de atrás del coche.

Acabo. Me vuelvo. Según entro en capital, en medio del excalestric urbano un gran edificio, enoooorme, gigante, con mi foto!!!! ¡¡Reboto en el asiento!! Grito internamente: ¡esa con cara de panoli soy yo! Es el anuncio que hice hace unos meses. Quiero hacerle una foto en un ataque de narcisismo. Quiero quemar el edificio en un ataque de vergüenza. Quiero cambiar de profesión en un ataque de frustración.

Un taxi me espera en la puerta de la oficina. El taxista es una mezcla curiosa entre Albert Pla y Viggo Mortensen. Cuando no estamos embotellados conduce a lo fitipaldi mientras charla por teléfono:

“… Y bueno… Si tenés caviar y frutillas (fresas) con crema por ahí voy… Y bueno, la crema te la comés vos, bebé… Y salmón rosado, estoy con ganas de salmón rosado, ¿entendés?… Ja ja ja… Noooo, boluuuuuda, me hacés reír, vos sabés… y sí, te llamo luego… sos una hechicera…”

Casi morimos aplastados entre dos colectivos, casi matamos a un motorista, casi nos comemos un ford Ka… Y él me mira por el retrovisor: “¿Vos fumás? ¿Te importá que fume?” Me dieron ganas de preguntarle: “¿Con qué mano piensas conducir?” pero me limité a ponerle un gesto indescriptible que le hizo entender: no se encendió el cigarrillo y puso la radio a todo volumen:

“… ¿quién me va a entregar sus emociones?
¿Quién me va a pedir que nunca le abandone?
¿Quién me tapará esta noche si hace frío?
¿Quién me va a curar el corazón partío?…”

Nooo…

A todo trapo por Corrientes. Ma-dre-mi-a.

A veces siento que mi vida es una gran anécdota.

Besos anecdóticos.

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