La soledad.

Cuando la soledad asusta y duele de verdad es cuando una lámpara se cae como a cámara lenta, te avalanzas sobre ella para evitar el desastre que tú misma provocaste y te da un calambrazo de esos que duelen mucho rato después de haber apagado la lámpara ahora rota.

Y piensas: “¡Buff! Si me llego a quedar pegada nadie me ayudaría ni antes, ni durante, ni después. ¡Qué sola me siento!”

¡Sola y salva!

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