Aclaración.

Ayer salí de clase y fui a cenar algo sola a un lugar típico argentino para que el camarero se sorprendiera.

Fui al teatro y quedaba un lugar libre en el centro de la segunda fila. Le pregunté a unas señoras si estaba libre y me contestaron diciendo que no porque sólo había uno. “¡Perfecto! Vengo sola. Permiso…”

A la salida me encontré con Mechi que me presentó a Claudio. Iban a la segunda función de la maravillosa obra que yo vi. “¿Viniste sola?” Me preguntaron.

Y yo, no me sentía sola, en el sentido de sola, de llena de soledad. Yo estaba encantada en el restaurante, la obra es imprescindible, no hacía frío y la vuelta a casa fue agradable.

No me sentí sola hasta que me electrocuté. Y tampoco porque necesitara que alguien me acompañara en el dolor de mi dedo. Sino porque realmente ahora sí que estaba sola.

¡Qué dramática! Por un calambrazo de nada… ¡Vaya con el Sauce Eléctrico!

Besos eléctricos o electrocutados, depende.

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