Desenfrenada.

Qué bien vivir a 3 minutos en bici del río de la Plata. En realidad serían 5, pero como la bici no tiene frenos, llego muy rápido. Parece increíble que la dueña sea una alemana. ¿Cómo ha podido comprar una bici tan rosa y tan mala viniendo de donde viene?

Pero bueno, yo voy pedaleando y gastando suela a esa reserva ecológica donde las plantas crecen sobre los escombros desgarrados de la ciudad de Buenos Aires. La orilla es un mosaico de azulejos rotos, baldosas y ladrillos. Un puzzle de lo que había antes de que hicieran la autovía que atraviesa la ciudad.

Me siento a imaginar que vidas habrán albergado esos muros desintegrados, que secretos guardados flotan ahora en el río…

Pasa un barco que va a Uruguay. Hace una ola que baña las puertas rotas y las vigas de cemento hechas migas.

Besos a trozos.

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