El paraíso de los ángeles.

En la biblioteca se reúnen los libros. En la discoteca los fiesteros. En el casino los jugadores y ludópatas. En el Olimpo los dioses y diosas. ¿Y los ángeles? ¿Dónde se reúnen ellos?

En los aires, los buenos aires de la Botica del Ángel.

Es un lugar de los de siempre donde se cantaba tango y se reunía lo mejorcito de cada casa: los artistas, los crápulas, los políticos, los mafiosos, los políticos-mafiosos, los trasnochados, los perdidos, los grandes, las estrellas, los estrellados…

Desde que atraviesas la puerta estás rodeada de ángeles, cuadros, estatuas, fotos firmadas, recortes de prensa, autógrafos… El tiempo se para, retrocede y revive con Liza Minelli, Carlos Gardel, Eva Perón, Astor Piazzolla, Susana Rinaldi, Ernesto Sabato, Mecha Ortiz, Nacha Guevara, Lorca… Todos, de verdad, ¡todos!

1200 m2 de salones abarrotados de objetos y reliquias que el modisto y escenógrafo Eduardo Bergara Leumann dispuso con amor exquisito. Cada uno con un tema, salón París, el circo criollo, el café con suerte, el salón de los académicos, el burdel, el cine de Gardel… Hasta los baños ingleses con azulejos traídos de Londres con citas de Shakespeare. Y miles de ángeles, miles y miles… Por todas partes.

El Bergara Leumann, el Gordo, que era como Brando en sus últimos días haciendo El Padrino, dejó en herencia ese lugar a varias universidades para que hicieran un museo, con la condición de que quien se hiciera cargo tenía que seguir contratando a los empleados que él tenía. ¡Viva el jefe!

Y así, convertido en mito ya casi en vida, dejó ese lugar mágico e imposible, en el centro de la ciudad bohemia.

Me preguntaron que hacía en Buenos Aires. “Soy actriz”, dije. Y me presentaron como la actriz internacional que “nos va a leer esto que tantas otras noches aquí se cantó y recitó”. Y me dio un din A2 que decía así:

Que el mundo fue y será una maravilla ya lo sé,
en el 506 y en el 2000 también,
que siempre ha habido sabios, laburantes y dotaos,
dispuestos y animaos, nobleza y honradez.
Pero que el Siglo XX es un despliegue
de esperanza abierta
ya no hay quien lo niegue,
vivimos en la tierra como hermanos,
y en un mano a mano, no te lo olvidés.
Vos sabés que no es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador…
Nada es igual, todo es mejor,
pensá en la ciencia, pensá en el “confor”,
da marcha atrás la corrupción,
los inmorales van al paredón.
Si alguien vive en la impostura,
y otro roba en su ambición,
es mejor que se prepare
porque si le damos cana
va a acabar en la prisión.
¡Qué magia! ¡Qué milagro!
¡Que homenaje a la razón!
Con fuerza y voluntad, cualquiera es triunfador,
con la Madre Teresa, va la Walsh y va Sabín,
van Borges y Leloir, Niní y Discepolín.
Igual que en la vidriera fascinante
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y unidos sin color ni ideología
vemos derrumbarse
el muro de Berlín.
Siglo XX, cambalache
(cibernético y total), problemático integral,
el que no llora se salva
y el que no estudia hace mal.
Dale, no más, dale que va,
viví el momento, no te frenés más,
sacá a la luz tu corazón:
que nada importa si no hay emoción.
Hoy se salva el que labura
medio día con placer,
y después se da a los otros
para ser mejor persona,
para así poder crecer.

Allí estuve con Rilke, paseando entre la multitud de ángeles y estrellas, en mi primera actuación en Buenos Aires con público y aplausos, buscando mis alas, buscando la luz…

Besos voladores

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