Curso avanzado

A veces me siento tan pequeña entre montañas. Y las grandes ciudades me esconden, camuflan mi cuerpo…

Llego a Buenos Aires con todos los juicios y prejuicios. Siento que el teatro aquí tiene otra dimensión, otro nivel. La cultura tiene mucho protagonismo y la palabra arte se escucha más veces en la calle que la palabra crisis. La gente habla de filosofía y psicología en la panadería.

Y yo empiezo las clases de análisis de Shakespeare con un montón de actores instruidos que han leído todos los libros de lingüística y filosofía que yo no leí. Actores argentinos, con esa manera de hablar citando los más peregrinos pasajes de Heidegger, adultos formados que vivieron épocas de esplendor creativo. Y yo, allí, asustada y dudando de si llegaré a entender las conversaciones. Guardándome mis opiniones y concentradísima.

¿Qué hago aquí? ¿Qué pretendo?

Entonces doy un paso hacia adelante y me doy cuenta de que lo que ese dice no es tan acertado, que esa cita tan elaborada no da luz al tema que tratamos, que la otra no entiende ni para atrás Macbeth, y que allí, la españolita puede dar su opinión sin haber leído todo eso y que además no hago el ridículo. Y a la salida hablo con los que me interesan y ¡hay comunicación! Entiendo, pregunto, debato y puedo profundizar y profundizar.

Llegan las conversaciones interesantes, los descubrimientos y las nuevas dudas. Las ganas de devorar libros y aprender. Desde donde estoy hasta donde llegue… Sin más.

¡A ello me pongo!

Besos de historias


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