Hogar, dulce hogar.

Pues sí. En Buenos Aires ahora tengo un dulce hogar cálido y tranquilo…

Llego después de las 18 horas de vuelta de la Pata-Agonía por esa carretera tipo comarcal sin arcén y con peajes: lo nunca visto, peajes sin autopista. Insólito. Como insólito también el suelo limpísimo de una gasolinera en el camino, solo una. En serio, le he visto la concha reflejada en el suelo a la chica que hacía pipí al lado mío… Después de tanto baño sucio en estaciones de servicio he quedado en estado de shock.

Más de 1600 km de blues, jazz, flamenco, rock y adivinanzas, afortunadamente sin bajas. A la ida atropellamos una liebre tamaño cabra y todavía me pesa la imagen. ¡Qué pena me dio! He vuelto a contar las curvas del desierto de La Pampa por si a la ida me despisté: 5 y media, porque una no creo que llegara ni a curva.

He pasado unos días en las montañas y playas de lagos helados (aquí le llaman playa a cualquier lugar donde te puedas bañar, creo) de las faldas andinas. Incomunicada sin wifi ni móvil. Me he bañado en unas termas naturales combinadas con el río frío que nace en las nieves de la cima de no me acuerdo que volcán en Chile. He recorrido la ruta de los 7 lagos. 200 km por la mañana por carretera para volver por una pista de ripios de unos 120 km. Aquí todo a lo grande. Ríos, lagos, bosque, mucho bosque. Pista de ripios y baches y hoyos y autobuses y carteles divertidos con dibujos de curvas en ángulos no rectos, sino agudos.

Me he comido, y he hecho comer, 12 cerezas picotas pata-agónicas al ritmo de un gong. Antes, por supuesto, las deshuesé, las 120 enteritas. Tengo aun las uñas moradas porque la mancha de picotas no se quita… Me ha adoptado la familia sureña de un amigo y han sido encantadores conmigo.

He ido a asados y me he unido a materos anónimos. Aquí lo de la yerba mate es como el respirar y en las gasolineras es más barato comprar agua caliente que fría.

He visto miles de millones de vacas pastando, caballos sueltos galopando por todas partes, cóndores o condors o aves rapaces, llamas, guanacos, alacranes y arañas.

Y estoy muerta, destrozada, y mañana empiezo las clases. ¡Buenas noches!

Besos agónicos.

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