Fin de año, fin del mundo.

A las 5:30 am del 30 de Diciembre me metí en un coche con Pilu, un abogado dicharachero, Ati, un ferrero (herrero) forjador que además es una enciclopedia con barba y Miguelito, un actor payaso, rumbo a la Patagonia. A ninguno de ellos todavía los conocía… 

18 horas de viaje por delante con buena música nacional e internacional para mi, para ellos y para todos mis compañeros. Un termo, mate y sandwich de pebete.

Pasados los primeros 70 km, único tramo con autovía, me dormí como media hora con las gafas de sol y la boca abierta. Carta de presentación. Y estos pensaban: “¡qué mina más callada!” Aún no me conocían. Paramos a tomar un café y mi azucarillo me dijo: “No tomar una decisión ya es una decisión”

Después de 4 horas salimos de la provincia de Buenos Aires y entramos en La Pampa asegurándonos de llenar el depósito de nafta (gasolina) en cada estación que veíamos y tenían,hay escasez y no en todas podías cargar. Al principio todavía había parrillas, casas, algún pueblo. Pero luego llegamos a ese desierto de matorral de más de 200 km. A la entrada un cartel: Atención,ruta monótona, descanse. Los coches que se accidentan los ponen en un pedestal en la cuneta con un aviso: Evite esto: por no descansar.

Las curvas las señalizan: Atención: a 1000m curva peligrosa. No es que sea peligrosa, sino que hay sólo 4 curvas.

Mar de arbustos, horizonte plano, clase teórica de perspectiva. Punto de fuga y línea del horizonte. Todo como trazado con regla. Y por el camino, un avestruz, unas vacas y una casa: “El refugio” ponía a la entrada.

De repente se puso a diluviar. De repente paró. Todavía no había mirado el reloj ni quería hacerlo. De momento el viaje no se me hacía largo. Blues, Jazz; huyendo del fin de año hacia el fin del mundo. De repente, un árbol.

Entramos en la Patagonia. Control fitonosequé. No se puede entrar con verduras ni frutas y te fumigan las ruedas del coche. El policía pregunta: “¿Llevan frutas?” “Sí, una naranja y una manzana” “Escondélas” Y así, pagando 17 pesos, entramos en el único lugar donde la mosca de la fruta no ha llegado. No será por los controles, creo yo. Ya podría haber comprado uvas pues aquí no se permite la entrada de frutos con pipa del exterior y las uvas autóctonas se recogen para Febrero. Esta noche me como las cerezas patagónicas. Me voy a hartar de sacar huesos…

Campos con Manzanas.

En el final del viaje (sólo quedaban 4 horas, nada más), pasado el desierto, se puso a diluviar de tal manera que los mares se pusieron encima de nosotros y los ríos acompañaban la carretera embarrada. Rayos y centellas como nunca vi caían como iras de los dioses. Las gasolineras achicaban agua y yo me meaba de la risa. Seguimos adelante en busca de la luz. Más Jazz.

Por fin, el sol. Atardecer en los Andes. ¡¡¡Curvas!!! Lluvia a ratos y unos colores que no están en otro lugar. Serrat.

Y he amanecido en un pueblo suizo de casas de madera, bosques y lagos. Duermo en una habitación abuhardillada de los padres de Santiago que son un amor. Un alacrán me ha dado los buenos días, más lindo…

Y esta noche acabo el año aquí y aquí lo empezaré.

¡Besos y Feliz Año!

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